¿Mejores tiempos para Oaxaca?
Ulises y Flavio, tanto monta, monta tanto
por Ángel Castor
3/11/06. One more day… Un día más en la otrora reluciente ciudad de Oaxaca: ahora cubierta por los gases pimienta y lacrimógenos, por el polvo, por la ceniza, por el humo de los coches en llamas… Bueno, lo de reluciente se lo podíamos aplicar al centro de la ciudad: léase de la iglesia de Santo Domingo al área Zócalo-Catedral y calles aledañas.
Saliendo de ese espacio, la ciudad se va haciendo progresivamente más sucia, ruidosa e inhabitable, hasta llegar al clímax de todo eso en el Periférico y, en particular, en la zona donde se ubica la Central de Abastos. Central de inseguridad, nerviosismo y, en general, de pocos amigos… Constituyen una excepción a lo recién descrito colonias residenciales como Reforma y San Felipe del Agua. Pero, lamentablemente, la excepción confirma la regla en una urbe que es capital de un estado con altos índices de pobreza y marginación. Siempre situado a la cola en todos los parámetros de desarrollo (educación, salud, nivel económico) dentro de México, junto con los estados de Guerrero y Chiapas.
En este marco, estamos viviendo una de las crisis más profundas y de consecuencias todavía imprevisibles de las que haya padecido Oaxaca en su historia reciente. Oaxaca y los oaxaqueños se hallan divididos, fragmentados, distorsionados, manipulados, jodidos y bien jodidos por una situación en la que sobresalen (por decir algo) dos personajes que, creo, no merecen la pena en lo más mínimo. Todo con matices, claro está, como ahorita, qué digo: ahoritita, explicaremos.
En un lado del ring se halla la bestia conocida como el “mapache mayor” del PRI (Partido Revolucionario Institucional, que durante 70 años gobernó en México y todavía lo hace en muchos estados). Su nombre real: Ulises Ruiz Ortiz (URO), convertido ahora en gobernador de Oaxaca, y calificado recientemente con mil y un adjetivos: rata, asesino, cínico, hermano del perro y del marrano… Por cierto, mapache es igual a político corrupto.
Al otro lado del cuadrilátero, la cabeza más visible de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, que con a penas unos meses de vida se ha convertido en un notable contrapoder). El nombre de este corpulento luchador: Flavio Sosa Villavicencio (FSV), quien se erigió como uno de los miembros de la dirección colectiva del movimiento, y antes coqueteó y hasta bailó con los tres principales partidos de la política mexicana.
Ayer, día 2 de noviembre, se vivió un nuevo asalto en este combate que, más que un cuerpo a cuerpo, está resultando ser un intercambio de golpes bajos, en el que los luchadores se protegen con miles de elementos que les apoyan y que están dispuestos a caer por la causa.
Ayer, lo nunca visto: la PFP (Policía Federal Preventiva) y la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) se enfrentaron a campo abierto en las calles de Oaxaca, en concreto en los alrededores de Ciudad Universitaria. La ciudad de los estudiantes de la UABJO (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca), lugar donde los integrantes del movimiento se atrincheraron tras la entrada de la policía en la ciudad el 29 de octubre, pasó de ser espacio educativo a foco de violencia. ¿Quién tiene la culpa de eso? Mire usted: como dicen por ahí, “entre todos la mataron y ella sola se murió”.
Instituciones atiza-fuegos
Lo que parece evidente es que las instituciones deberían estar para garantizar el orden social y la paz, y en el caso de Oaxaca, no sólo no ha sido así, sino que los elementos del Gobierno del Estado se han dedicado a atizar más el fuego, en lugar de apagarlo.
Cuando es vox populi que el Gobierno encabezado por el tal Ulises se dedica a enviar a porros, policías disfrazados de civil e, incluso, a concejales y otros politicastros del PRI a disparar y a amedrentar a los miembros del movimiento y a cualquiera que pueda ser crítico con sus acciones…
Cuando es evidente que el Gobierno de Oaxaca se ha dedicado a hacer obras costosas e innecesarias en el centro histórico de la ciudad capital, frente la flagrante pobreza (gentes viviendo en casas de lámina y cartón, colonias y poblaciones y más poblaciones sin asfaltar, sin agua en casa, sin electricidad)…
Cuando son fuertes los rumores de que, con el dinero desviado de las obras realizadas, el por muchos llamado ex gobernador (cuando no des-gobernador del Estado) se dedicó 1) a patrocinar a su amigo Roberto Madrazo, en la campaña de éste como candidato priista para las elecciones a la Presidencia de la República, y 2) a construirse propiedades particulares en México y otros países…
Cuando el hambre, el analfabetismo, la pobreza azotan a Oaxaca, y las instituciones públicas hacen poco o casi nada para que la situación cambie y, a cambio, instrumentan una serie de acciones como las antes mencionadas… parece evidente que la administración estatal tiene algo o mucho que ver en lo que está ocurriendo.
Los cacicazgos priistas de tantos años, que no arrasaron Oaxaca gracias a una permanente entrada de divisas por el turismo y a las enormes riquezas naturales de esta tierra, podrían dar un golpe de muerte a este bello estado mexicano en estas circunstancias de inestabilidad social y política, que ellos mismos han favorecido con sus políticas corruptas, autoritarias y represivas.
24/11/06. Tres semanas después del día después al día de actos, ha vuelto a haber más días similares a aquél. El último domingo, una manifestación de mujeres en apoyo a la APPO que bordeó las inmediaciones de la PFP (óiganlo bien, casi un mes después la policía federal sigue resguardando el Zócalo para que no sea retomado por el movimiento), decíamos: esa manifestación fue ahuyentada con chorros de agua a presión, bien condimentada con chile piquín.
Al día siguiente, lunes 20 de noviembre, y coincidiendo con el 96° aniversario de la Revolución mexicana, volvió a haber enfrentamientos entre policía y miembros del movimiento. Otra marcha llegó cerca de los aposentos de la PFP y, ante el lanzamiento de algunos cócteles molotov contra ellos (se dice, se comenta), los muchachos de gris reaccionaron gaseando al personal… Los gases lacrimógenos y pimienta se han convertido en el pan nuestro oaxaqueño de cada día. Pero la cosa no fue chiquita, pues a algunas cuadras de distancia, y según testimonios de personas que trabajan en el centro, el gas se notaba hasta resultar molesto para los que se encontraban en toda el área.
Y además… Esta semana fue quemado el campamento que la APPO mantenía en frente de la iglesia de Santo Domingo… Ulises dijo que sólo Dios podría hacer que él deje el Gobierno de Oaxaca (como en la Edad Media… ¿Recuerdan? Cuando los señores feudales lo eran por mandato divino: o al menos eso creían y decían ellos)… Flavio y otros integrantes de la APPO se entrevistaron con el nuncio apostólico en México (el máximo representante del Papa en estas tierras), quien a su vez solicitó una cita con el secretario de Gobernación, Carlos Abascal, para transmitirle sus inquietudes y probablemente algo relativo a la conversación con la gente del movimiento…
Y es que Flavio y compañía, ni cortos ni perezosos, debieron pensar: “Si URO se va por deseo divino y su máximo representante en la tierra es el Papa de Roma, vayamos por la vía rápida. Nos entrevistamos con el nuncio apostólico y que éste intermedie para que el Santo Padre pida la renuncia de Ulises”. Y, ni más ni menos, eso le pidieron: que el Papa se pronunciara por la paz en Oaxaca, pero ante todo por la salida del Góber nada precioso.
Tanto monta, monta tanto
Entre tanto, Oaxaca se sigue desangrando. A los casi 20 muertos causados hasta ahora por el conflicto –uno de ellos el camarógrafo estadounidense de Indymedia, Bradley Roland Will, caso del que aún se desconoce quién y cómo efectuó el segundo disparo que recibió–, hay que sumar la huida de capitales: organizaciones, empresas, galerías de arte, que han cerrado o ni siquiera han llegado a arrancar sus proyectos, a causa del clima de inestabilidad e inseguridad que vive la ciudad de Oaxaca.
Por no hablar del turismo, que ha caído de forma alarmante. Si antes era fácil ver a decenas de extranjeros por las calles de Oaxaca, admirándose de las maravillas del Centro Histórico, ahora a penas se ven con cuentagotas, y los que hay suelen ser personas ya instaladas en esta ciudad.
Muchos artesanos y pobladores en general han perdido sus fuentes de sustento básico y su economía es cada vez más precaria. El desempleo empieza a extenderse como mancha de aceite, según comentan diversas personas que viven en colonias obreras.
Y es que el tiempo ha ido pasando inexorable sin que las cosas se resuelvan… Son ya más de 6 meses de un conflicto que arrancó el pasado 22 de mayo, con el plantón en el Zócalo y alrededores de miles de miembros de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en demanda de mejoras laborales y más recursos para la educación en Oaxaca.
El 14 de junio se dio un giro al problema, cuando el Gobierno estatal trató de desalojar a los manifestantes, sacándolos a golpes de sus tiendas de campaña, a altas horas de la madrugada. El intento fue fallido: los maestros retomaron los lugares en que se hallaban e incluso ampliaron su presencia y, lo más importante, el conflicto pasó de ser magisterial a convertirse en algo más amplio: un movimiento social, del que nació la APPO, como conglomerado de varias organizaciones, incluida la sección 22 del SNTE, inconformes con las políticas gubernamentales desde hace tiempo y para quienes la demanda principal era sólo una: la salida de Ulises Ruiz como Gobernador de Oaxaca.
Claro está que, en un movimiento tan amplio, cabe de todo: y así los Flavios y otros elementos se sumaron a las protestas tal vez como una forma de adquirir un protagonismo que no habían logrado por otras vías. Y es que el señor Sosa Villavicencio pasó de militar en el PRD (Partido de la Revolución Democrática, a la izquierda en el arco político mexicano) a revolotear alrededor del antecesor de Ulises, el también priista José Murat. Entre unas cosas y otras, vivió episodios como el de alzar el brazo de Vicente Fox, del conservador PAN (Partido Acción Nacional), cuando ganó las elecciones a presidente de la República en el año 2000 o como su liderazgo en el Partido Unidad Popular.
En pocas palabras, uno de los máximos representantes de la APPO ha sido de esos personajes que, en política, se arriman al sol que más calienta, lo que no da al movimiento una pátina de prestigio; igual que algunos métodos empleados en los últimos meses. Léase: el corte de carreteras, la quema de camiones (como se llama en México a los buses), las barricadas en varios puntos de la ciudad…
Y aunque, por lo general, no ha recurrido a las armas para su defensa, tampoco se puede hablar de un movimiento netamente pacífico, sobre todo en los últimos tiempos. Cócteles molotov, granadas de fabricación casera, cohetones, piedras y palos, en definitiva: las armas habituales de los que no tienen la fuerza pública de su lado, se han convertido en los instrumentos de la APPO para defenderse y contraatacar, if necessary.
Del otro lado, URO y su gente. El cacicazgo llevado a su máxima expresión. Ulises es de los que tienen un amplio currículo en el PRI… Dicen que ya andaba de aprendiz de brujo cuando, en 1988, Carlos Salinas dio el mayor golpe a la incipiente democracia mexicana, al hacer que el sistema, de recuento electoral, se cayera y el probable vencedor Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD, se tuviese que quedar con las ganas de liderar el país hacia cambios profundos.
Salinas fue presidente y Ulises siguió su estela del brazo de Roberto Madrazo, a quien –se dice, se comenta, se rumorea– ayudó a encaramarse al Gobierno del estado de Tabasco, cuando su oponente era el después rival en las presidenciales de 2006, Andrés Manuel López Obrador. Dicen que, por los favores prestados, a Ulises le cayeron las concesiones de varias gasolineras en tierras tabasqueñas.
Con esos antecedentes, cuando en 2004 y como candidato oficialista al Gobierno de Oaxaca, se cayó el sistema del recuento de votos, cuando su contendiente Gabino Cué iba por delante, las sospechas se levantaron por doquier. Recuperado el conteo, Ulises resultó ganador y finalmente los tribunales electorales, adonde llegó el caso, le dieron el visto bueno para que fuese gobernador.
Ocupó su cargo el 1° de diciembre y, dos años después, Oaxaca está como está. Ni URO ni FSV, ni Ulises ni Flavio. Váyanse los dos a sus casas y dejen paso a que las reformas estructurales que necesita este estado se den, como requiere una población harta de sufrir, harta de llorar, harta de morir… para quedarse como estaba.
Dice la canción: “¡Oaxaca, tienes que levantarte!” Oaxaca ya se levantó; mañana, sábado 25, el movimiento quiere rodear a la PFP y, si puede, retomar el Zócalo. Mientras tanto, Ulises lleva varios días diciendo que la situación en el estado ya se normalizó, que el conflicto se ha resuelto y, en el colmo del cinismo, que “es tiempo de Oaxaca”. Sí, es tiempo de Oaxaca, tiempo de liberar a la ciudad, y al Estado en general, de su presencia, de la corrupción y de la violencia. Tiempo de soñar mejores tiempos para Oaxaca.